Frank Darío Kudelka - El D.T. del optimismo

Su historia

Frank Darío Kudelka fue un bebé inquieto, afable y "comprador" (características que conserva aún hoy, con 55 años cumplidos y bien vividos, comentan los vecinos de su pueblo natal). Su infancia giró en torno a su hogar, la escuela Florentino Ameghino y el fútbol -su gran pasión-. Desde niño mostraba un claro interés por el trabajo en equipo, la unión y el compañerismo. La pelota fue su compañera incondicional y más aún, cuando comenzó a vestir los colores del "9 de Freyre". Dicen los que saben, que era un jugador exquisito, detallista y de fina puntería.

Finalizado el tiempo de entrenamiento, Frank Darío siempre hacía horas extras buscando incansablemente ser una mejor versión de sí mismo. Era muy exigente consigo mismo porque sabía que para triunfar en el complejo mundo del deporte, el esfuerzo es una condición ineludible. En esos tiempos tuvo buenos consejeros que pusieron pimienta a su ya latente personalidad, la que influyó de sobremanera al momento de egresar del IPEM y comenzar el profesorado de Educación Física, en la Ciudad de Santa Fe. Pronto comenzaría a ganarse el pan, haciendo lo que le gustaba (gusta). En medio del estudio para los exámenes, Frank siempre se hacía tiempo para entrenar y jugar con sus amigos del "9". Era líder dentro de la cancha. No corría por correr, tenía visión de juego y un sentido de ubicación predilecto.

Su mente, siempre atenta y despierta, le permitía anticiparse a cada jugada e intuir donde caería el balón. Su perfeccionismo y tecnicismo nunca le impidieron divertirse jugando (combinación de virtudes para nada desdeñables). Ocupante del frente delantero del equipo -lugar reservado para verdaderos creadores de juego-, padecía de sed crónica de gol y definía como un frío e implacable francotirador. Era de esos tipos que saben qué hacer, de qué manera y cuándo. Realmente no abundan estos perfiles.

Siempre llevó consigo, los majestuosos días vividos en el "9 de Freyre". Fueron momentos mágicos, divertidos e imperecederos. El "9" fue su segundo hogar, uno de sus lugares en el mundo, y el terreno donde adquirió valores y herramientas emocionales para ir en búsqueda de sus sueños. El "9" fue, en su vida, el rinconcito donde el afecto y las amistades tenían la particularidad de ser imperturbables.

Frank creció. Se graduó en la Universidad del Litoral, pero no conforme con ser Profesor de Educación Física, decidió emprender la carrera de Director Técnico en "el Lasalle" de Santa Fe. Esta decisión fue el primer escalón en la venturosa tarea de dirigir equipos, motivar jugadores y engrandecer esfuerzos en la que se embarcaría. Siempre supo el rumbo. Y recorrió los senderos correctos para cumplimentar sus anhelos más profundos. El Lasalle no tenía técnico hasta que Frank ocupó ese lugar. Parecía un guiño de ojo del destino para que el freyrense diera sus primeros pasos, una especie de lobby para que el flamante "profe" pudiera exhibir su talento, sus valores y su entrega incondicional al deporte.

En poco tiempo logró el ascenso en la Liga Santafesina y comenzaron a llegarle cuantiosas propuestas de trabajo. Meses después, con el resultado puesto, advertiría que esos pasos fueron los eslabones que constituyeron una vida deportiva brillante, repleta de logros con cara de esfuerzo, perseverancia y mucho trabajo. El siguiente paso fue Libertad de Sunchales, donde ascendió en el primer torneo que allí dirigió. Posteriormente comenzó a dirigir a Boca Unidos de Corrientes, equipo con el que también ascendió.

La performance de Frank y su equipo de trabajo, comenzó a hacer ruido en las grandes ligas. Las estadísticas, datos tan crudos como objetivos, lograron que el mundo del fútbol comenzara a valorar su talento. Ya no era posible atribuirle el mérito de sus triunfos a la suerte, porque ésta nunca acompaña a una persona en tantos viajes inciertos. Una tarde y fruto de su creciente popularidad, un periodista de Santa Fe le preguntó sobre la situación del equipo de fútbol profesional de Unión de Santa Fe -por ese entonces transitando una etapa gris en la B Nacional- a lo que contestó: "Unión necesita un Director Técnico que aspire a lograr el ascenso y no un técnico que trate de evitar el descenso". Semanas más tarde, ¡Frank lucía el buzo de D.T. de Unión de Santa Fe!

El siguiente peldaño lo dio en la tierra de Carlitos "la Mona" Gimenez. Frank aterrizó en "la Docta", específicamente en la cancha de Instituto Atlético Central Córdoba. Por entonces, "La Gloria" (apodo del equipo del barrio Alta Córdoba) transitaba las canchas de la "B" nacional. Fiel a su profunda convicción de que el todo es más que la suma de las partes, forjó un gran equipo al que lamentablemente no lo acompañaron los resultados. En este escenario adverso, el freyrense aplicó la frase del gran DT argentino, Marcelo Bielsa: "hay que tener grandeza para tolerar la injusticia de un resultado". No obstante, la situación mencionada, sumada al controvertido manejo de los fondos del club por parte de los dirigentes, hizo que transitara con sobresaltos su estadía. En ese contexto, Frank despilfarró solidaridad y sembró valores altruistas en jugadores y empleados de la institución, que aún se respiran en el estadio de Alta Córdoba y se observan en el proceder de quienes tuvieron el placer de interactuar con él.

Sobresale su capacidad para formar equipos de buenos jugadores pero sobretodo, de buenas personas. Esto logró que el trabajo de Frank cotizara un poco más cada día. No tardaron en llegar los llamados con ofrecimientos de Buenos Aires. Emprendió un nuevo viaje. Esta vez, para calzarse la casaca de DT de Huracán de Parque Patricios. Allí, también sentó bases y principios que hasta la actualidad perdura. Cosechó buenos resultados para "el Globo". Su forma de sentir el fútbol coincide con la premisa con la cual encara la vida todos los días: "siempre hay que estar preparado para lo que sigue, y siempre hay que ir por más", repite convencido el DT oriundo de Freyre.

Un día, regresando de Buenos Aires a nuestro Freyre querido recibió un llamado de alguien con tonada cordobesa, quien le solicitaba sus servicios para Talleres. El mensaje fue claro: "queremos que seas el que devuelva a la "T" al lugar al que pertenece: la Primera división del Fútbol Argentino. Acostumbrado a los desafíos, no titubeó ni un minuto. De inmediato dijo que sí, pensando que quizás esta nueva oportunidad era una nueva gambeta sublime del destino que lo dejaría conocer la gloria en la provincia mediterránea. Sería, tal vez, su revancha.

Talleres jugaba, por entonces, en el Argentino A, lo que significaba que debía ascenderlo dos categorías para llegar a la Primera -dos escalones más en la ruta hacia sus sueños-. No se achicó, confió en su capacidad, en los recursos humanos del plantel y comenzó la escalada.

Talleres ascendió a la Primera B Nacional de su mano (tras un camino sinuoso) y, en un abrir y cerrar de ojos (tras un camino más florido) a la Primera División, un lugar que jamás debió abandonar, según los hinchas de la "T". Frank llegó a este sitio, fiel a su optimismo nunca derrotado y empleando los valores más nobles. Esto lo condujo a un espacio al que no acceden las personas promedio, un lugar donde solamente ingresan los que se atreven a intentar lo que para la mayoría es imposible.

Frank se la jugó a diario para alcanzar su sueño: fortalecer el patrimonio futbolístico de todo equipo que se cruzara en su camino, siempre con una mirada optimista hacia el futuro. Hoy la realidad otorga sobradas pruebas de que lo logró.

¡Felicitaciones Frank Darío Kudelka por tu trayectoria y muchas gracias por regar con valores freyrenses diversas tierras de nuestro país!

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