Javier Tortone - "Motor de felicidad"

Su historia

Cuando Javier César Tortone debutó en el midget santafesino, sintió cómo la ansiedad se intensificaba en su cuerpo. En la prueba de pilotos, dio algunas vueltas y debido a un mínimo error de cálculo se salió de la pista e hizo varios metros por tierra arada hasta poder tomar nuevamente el control del vehículo. El comisario de la pista se le acercó corriendo y le dijo: "Nene, ¿tenés frenos?". Javier asintió tibiamente con la cabeza, ante lo que el comisario exclamó: “¡entonces usalos, porque te vas a arrancar la cabeza!".

La anécdota pone de relieve los difíciles comienzos que debió transitar el piloto freyrense y los kilómetros de perseverancia que fue desarrollando. Javier nació en Freyre, el 31 de enero de 1977. Es hijo de Alfonso Tortone y Rita Bosio.

Desde muy pequeño se identificó con el midget. Su amor por los autos hace suponer que su sangre contiene más nafta que hemoglobina. Su fuente de inspiración fue el extraordinario piloto local Gabriel Maletto, a quien admira profundamente. Las banderas a cuadros, el rugir de los motores, la tierra que promete gloria y coquetea con todos los pilotos, la gente, los amigos incondicionales haciendo el aguante, y los triunfos y derrotas que observó en las carreras que protagonizó Gabriel Maletto, moldearon su carácter. Allí aprendió que los que se rinden no trascienden y que en la derrota se ven los buenos deportistas y las buenas personas. La derrota exige reflexión, hace repensar acciones, barajar y dar de nuevo. El triunfo, en cambio, muchas veces encandila y relaja. Por esta razón, Javier afirma que cuanto más difícil es la victoria, mayor es la satisfacción que proporciona ganar. A veces, menos es más…

Javier es alto, y desde arriba, observa cada detalle. Sus amigos lo definen como una persona callada, simpática, trabajadora, familiera y luchadora. Planifica su rutina, no deja ningún aspecto librado al azar, es perseverante en sus objetivos, perfeccionista, seguro de sí mismo, un poquito terco (dicen sonriendo los amigos más audaces), pero acto seguido resaltan con énfasis su responsabilidad y su lealtad. Los familiares de Javier aseveran que Javier es un motor de felicidad. También afirman que es un piloto cabulero, al estilo del DT campeón del mundo en México 86, Carlos Salvador Bilardo. Antes de cada carrera, el piloto freyrense cumplió religiosamente con su cábala: usar la misma ropa debajo del buzo de carreras. Esto le aportaba unos gramos extras de seguridad.

En su vida cumplió algunos sueños pero también padeció adversidades deportivas, como la vivida en mayo de 2007 en una carrera en Balnearia, cuando el auto que conducía dio varios tumbos y él se quebró la clavícula. Ese fue un punto de quiebre literal en su vida. Después de ese accidente no pudo correr por dos meses. Ese alejamiento de las pistas le propinó la distancia necesaria para mirar el deporte y su vida en perspectiva, para decidir su continuidad, o no, en el mundo de los motores. La duda duró exactamente dos segundos. Javier decidió seguir cumpliendo sus anhelos. Posteriormente, el paso del tiempo iría ilustrando cómo fue lográndolo. Consiguió tres campeonatos en el Midget de Acormi (2008, 2009 y 2012) y dos veces se consagró subcampeón. Nunca se dejó seducir por las falsas luces del éxito. Supo desde la primera carrera, que es nocivo embriagarse con adulaciones. Vivió cada triunfo como un corolario de todo el esfuerzo y el tiempo invertidos y justamente esta simpleza es la que le posibilitó alegrarse plenamente en cada centímetro recorrido.

En el plano íntimo, su familia constituye el tesoro más importante. Su esposa, Valeria Pignatta y sus hijos, Pedro (9) y Vicente (5) son sus pilares incondicionales. Ellos son el sol que calma cualquier tormenta. Cuando Javier menciona a los integrantes de su hogar, sus ojos brillan de emoción. Disfruta cada instante con ellos porque sabe que la vida no vuelve y que el tiempo compartido es el mejor capital familiar.

En lo deportivo, Javier reconoce y agradece la labor de su preparador, motorista y chasista: Clemar Faudone. También siente un gran afecto por los integrantes de “La Peña de los Lunes”, porque lo bancan siempre, cuando las cosas salen bien y también cuando salen mal (esto último vale mucho para él).

A Javier le aburren los largos preámbulos, es un hombre de acción, extremadamente pragmático. Es quien ejecuta las estrategias en las pistas. Es quien se codea con la velocidad, el vértigo, las curvas, las aceleradas y los roces con otros autos. Sus allegados aseveran que prioriza la salud de su pie derecho, para poder acelerar sin dificultad. Es consciente que para andar realmente rápido hay que frenar un segundo después de lo que indica el miedo. El midget le otorga esa dosis de adrenalina que su cuerpo demanda. Es su fuente de felicidad. A sus preparadores les repite que el deber del motor es no fallar pero que la responsabilidad de pensar y tomar decisiones en fracciones de segundo, es del piloto. “El secreto es definir el momento oportuno para acelerar y frenar, y para eso la concentración es fundamental”, expresa Javier.

A nivel mundial, su ejemplo a seguir es Michael Schumacher de quien extrajo dos frases que las usó en cada carrera para bajar sus decibeles: “Cada vez que tomo decisiones, trato de reducir los riesgos y problemas que puedan existir”; “La vida nunca te garantiza el éxito”. Los conceptos claros del gran piloto alemán, son una especie de brújula para Javier. Pondera la ejemplaridad. Por eso toda vez que puede, invoca a Gabriel Maletto y a Michael Schumacher, porque los dos pilotos –en distintos ámbitos– han dado sobradas muestras de coherencia, simpleza y conducta.

Mientras se escriben estas líneas, llueve copiosamente en Freyre y en la zona adyacente, y en las pistas de midget gotean expresiones de reconocimiento y felicitaciones para Javier. Esto cristaliza las marcas que este deportista local dejó en las pistas para señalizar el camino de los pilotos que vendrán. Javier reconoce que las palabras “por favor, gracias y perdón”, son las contraseñas para transitar con la cabeza en alto el mundo del deporte sembrando hectáreas de amistad y cosechando toneladas de afecto.

Gracias Javier Tortone por tu espíritu de superación incansable, por tu constancia, y por tu fuerte convicción para alcanzar tus sueños. Estas virtudes individuales son auténticos faros que contribuyen a alumbrar el camino de las nuevas generaciones de deportistas. Por eso es importante exhibir estas nobles historias, porque transportarán a miles de personas a una comunidad más integrada, más solidaria y más feliz.

Por los acontecimientos y gestos mencionados, el nombre JAVIER TORTONE y su historia deportiva, ya tienen su merecido espacio en el Museo Virtual del Deporte de Freyre. ¡Felicitaciones y muchísimas gracias!

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