Leopoldo "Polo" Garesi - Un campeón del deporte y del afecto popular

Su historia

Padre, abuelo, marido, amigo y compañero. Un hombre que alcanzó la grandeza simplemente disfrutando las cosas simples. Una persona que supo hallar felicidad allí donde pocos la buscan: los pequeños y bellos momentos cotidianos.

Hoy le rendimos el apropiado reconocimiento a la labor de un arquero y defensor de Freyre, que logró ser campeón con la camiseta de nuestro querido Club Atlético 9 de Julio Olímpico, en el año 1977. Un señor que hoy ya es abuelo de siete precioso niños, con quienes comparte su tiempo, su ternura y su sabiduría (propia del aprendizaje que otorgan los años). Se trata de Leopoldo Garesi, conocido popularmente en Freyre, como "Polo".

Este freyrense no sólo tenía habilidades como arquero, también se desempeñaba, de manera excelente como defensor. Nació el 6 de junio de 1950, en Freyre. Actualmente tiene 65 años muy bien vividos, por cierto. En su infancia no había Baby Fútbol, por tanto, jugaba al futbol en campitos y participaba de los famosos "relámpagos" que se realizaban los días sábados y domingos.

El protagonista recuerda que una vez lo fueron a buscar a su casa en una volanta porque les faltaba un jugador. También apela a su memoria intacta y revela que nunca jugaba para el mismo equipo, ya que su único objetivo era jugar a la pelota, y siempre estaba dispuesto. A los 15 años pudo integrar el equipo de la Liga Independiente "Juventud Unida", jugando como arquero, los domingos, en la memorable "Cambicha", un estadio local donde la intensidad del público se siente de modo similar a la que se percibe en un superclásico de River-Boca. Ese mismo año se unió al equipo "1° de Mayo", de la Liga Amateur de San Francisco, jugando en el mismo puesto. Con ambos equipos logró salir campeón en 1965, algo muy poco frecuente en el ámbito del fútbol. Casi todo el grupo de jugadores de ese equipo pasó a formar parte del plantel del Club Atlético 9 de Julio Olímpico (aunque él también siguió jugando en San Francisco, los días sábados hasta el año 1968).

Esto evidencia la personalidad de un tipo inquieto, incansable y su capacidad para relacionarse con personas de perfiles diversos. En ese tiempo, los entrenamientos en "el 9 de Freyre", se hacían bajo la supervisión de Nino Pulcinelli, quien por unos instantes, abandonaba su profesión de cartero para hacerlos correr alrededor de la cancha, bajo una única luz que iluminaba el campo de juego. No sobraba nada, excepto voluntad y coraje.

1977 fue el año que quedará eternamente grabado en las retinas y en la memoria de los freyrenses. Disputaban el campeonato de la Liga Regional Zona Norte con un equipo del cual Polo era capitán y ya no lo tenía como arquero, sino como defensor con la camiseta número 4. El director técnico era Juan Giarda, su compañero de equipo en "1° de Mayo", y el preparador físico era Jorge "el profe" Giacomino. Aquel equipo del "9" no salía campeón desde 1959, cuando bajo la dirección de Don "Poldo" Garesi (su papá), lograron el campeonato. Dieciocho 18 años más tarde, específicamente en 1977, Freyre repetiría la hazaña. El último partido se disputó en cancha neutral. Se jugó en Porteña. En este escenario se enfrentaron el "9" y Centro Social y Deportivo Brinkmann. Un gol de penal le dio la victoria a Freyre y lo coronó campeón, hecho que quedó registrado para la eternidad en la historia del fútbol regional. La cábala que mantuvieron durante todo el campeonato era entrar a la cancha pisando la línea blanca, pero ojo, caminando, no corriendo (como se ve en la foto). El ingreso a la cancha era una mezcla de futbolistas aguerridos con la elegancia propia de un equilibrista, ya que el objetivo ineludible era recorrer la línea blanca, sin errar un centímetro.

Tras obtener el ansiado título, se armó una caravana ininterrumpida de autos desde Porteña hasta Freyre. El plantel campeón encabezaba la fila y era transportado en un camión. Entre la gran fila de autos se destaca el Citroën C3 de las hermanas de Santa Catalina de Siena, tan fanáticas del equipo como cualquier freyrense. Llegaron hasta la capilla de San Valeriano (perteneciente a la familia Godino) que habían visitado antes de jugar ese último partido.

Volvieron para cumplir la promesa realizada, como corresponde. La caravana acompañó todo el trayecto al plantel. Los cánticos, bocinazos y banderas, ilustran el clima de euforia que se respiraba. Ya de regreso, en pleno centro de Freyre se organizó un improvisado festejo a la canasta en el Club. Todo el pueblo asistió para compartir la alegría de los campeones. "Polo" destaca haber jugado para la primera y para la segunda del Club. "Donde me llamaban, yo iba, porque lo que quería era jugar", dice el campeón emocionado, con una sonrisa que denota felicidad y plenitud por haber cumplido su sueño. Y agregó: "en mi haber deportivo, duermen 11 clásicos contra Porteña". Atesora esos partidos en su corazón como un soldado almacena cada batalla en su mente.

En 1978, ya con otras responsabilidades sobre sus hombros, decidió colgar los botines, pero jamás abandonó su pasión por el fútbol. Esto lo lleva a frecuentar las canchas todos los fines de semana. Parte de su felicidad, la encuentra allí, agarrado al tejido, viendo a los jugadores correr detrás del balón. En esos momentos, películas de puras emociones y recuerdos transitan por su cuerpo.

"Polo" hoy anhela transmitirles los valores del deporte a sus nietos. Se emociona nuevamente al decirlo. Quiere que sean felices y que practiquen un deporte. Los adora profundamente. Se nota cada vez que los menciona. He aquí la esencia humana de un futbolista versátil que pasó de ser un distinguido arquero a un temido defensor.

"Polo" recuerda con análoga pasión los dos puestos que ocupó en el campo de juego - un caso similar al de Jorge Campos, el jugador de la selección de México que jugaba 45 minutos de arquero y 45 minutos de delantero-. Ser arquero es tener una responsabilidad única, es una de las tareas más difíciles en el terreno de juego. Ser arquero significa ser querido y ser odiado en cuestión de minutos. Es un jugador que la mayor parte del partido la pasa en solitario, dirigiendo a su equipo, parado debajo de los tres palos, arengando y ayudando a sus defensas. A veces, es el héroe y otras veces, el villano. El arquero tiene muchos compañeros en la cancha, pero ninguno tan fiel como sus guantes.

Posteriormente brilló como defensor tanto por derecha como por izquierda, era una mezcla del Negro Ibarra con Enrique Harbina (ambos defensores de Boca). Era un jugador duro y difícil de pasar. Algunos delanteros pedían el cambio a los quince minutos de comenzado el partido porque no podían soportar una marca tan pegajosa y áspera.

Hace poco, en un bar, una persona le dijo que su modo de jugar era similar al de Roberto Carlos, el brillante lateral brasileño, por su proyección por el lateral. Pero poco importan las comparaciones, lo fundamental es que supo disfrutar la magia del fútbol.

El deporte le hizo levantar trofeos repletos de gloria, y su humildad, responsabilidad y compañerismo lo hicieron acreedor del afecto popular. Por eso nuestro reconocimiento al deportista, pero también al ser humano que supo hallar la grandeza en las cosas simples de la vida, es decir, en el rol de padre, marido, abuelo, y amigo.

¡Felicitaciones querido Polo Garesi! Tu historia ya tiene su merecido lugar en el museo virtual del deporte de Freyre y en el corazón de todos los vecinos.
¡Muchas gracias!

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