María Inés Beltramino

Su historia

A medida que fueron pasando sus años en el vóley, su sueño se fue acrecentando. No paraba de entrenar, aunque fuera navidad o año nuevo. Las ganas no respetaban fechas establecidas en el calendario oficial. No existían feriados ni excusas para abandonar su pasión. Todos los días se esforzaba para ser una mejor versión de sí misma…

Corría sola por la plaza o por la circunvalación de Freyre. Entrenó hasta un 25 de diciembre, y recuerda que su técnico le dijo: "andá a descansar, hoy es navidad". Muchos sentimientos encontrados pasaban por su cabeza, sentía que hacía algo raro y poco común. Sentía vergüenza. Pero su deseo de jugar en la selección nacional siempre le ganó la pulseada a cualquier otro sentimiento que se entrometiera en su mente. Su corazón tenía una voz distinta al coro uniforme de la sociedad, pero esta característica, lejos de ser una debilidad, era su valor agregado y su impronta. Ella pronto lo descubriría…

En enero del año 2002 viajó a Buenos Aires para empezar a entrenar con las jugadoras citadas. Pasaron quince días y llegó el momento de recibir la noticia del listado de las jugadoras elegidas para viajar representando a la Argentina en otros puntos del mundo. Sintió una emoción enorme al escuchar su nombre y fue en ese momento cuando advirtió que las incontables horas de esfuerzo y sacrificio, valieron la pena. Recién allí, sus emociones y su cuerpo comenzaron a hablar el mismo idioma y se abrazaron. Luego de unos meses viajó con el equipo argentino a Venezuela y lograron el segundo puesto en el Sudamericano. Ese mismo año jugó con la Selección de Córdoba el Torneo Binacional Sub 18 en Chile, donde obtuvieron el primer puesto. Este torneo marcó algo muy importante en ella, tanto en lo profesional como en su vida: aprendió que con dedicación, responsabilidad y confianza en sí misma, se puede lograr cualquier objetivo. Entendió que el tiempo premia a los constantes y que los profetas del "no esfuerzo" son meros vendedores de ilusiones.

Esta es la historia de María Inés Beltramino, una deportista de Freyre que comenzó desde muy pequeña a jugar al vóley. Se vinculó con este hermoso deporte como un pasatiempo y, casi sin pensarlo, logró ser la primera jugadora de Freyre en llegar a lo más alto del vóley de este país: la Selección Argentina. Nada le llegó "de arriba", nadie le regaló nada, todo lo logró transpirando la camiseta, jugando en equipo, sacando aliento y energías hasta en esos momentos en los que creía no tenerlos.

Siempre mantuvo una disciplina de entrenamiento intachable (que no respetaba lluvias, tormentas, fríos polares, ni agobiantes calores). Con dolores musculares y cansancio, siempre supo que un equipo es más que la sumatoria de sus partes, y que sin el aporte de cada uno no se logran los mejores resultados. Su relación con el deporte fue simétrica y proporcional. Ella le donó sus ganas nunca derrotadas, su pasión y su puntillosa responsabilidad. El vóley no fue ingrato: le retribuyó con muchas alegrías, amigos, valores y los mejores recuerdos.

Hoy, Inés es orgullo de Freyre y es una mejor versión de sí misma, y esto- en parte- fue gracias a su relación incondicional con el deporte.

¡Felicitaciones María Inés Beltramino. Muchas gracias por llevar la bandera de Freyre tan alto y tan lejos!

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