Rocío y Belén Musso - Mellis doradas

Su historia

Invierno de 1998. El frío desafiaba al calor que emanaba de todas las estufas de Freyre. Marcos y Laura aguardaban ansiosos el nacimiento de sus hijas (lo escribo en plural, porque esperaban mellizas). El 22 de agosto de 1998, Marcos gastaba las suelas de sus zapatillas caminando por el pasillo del sanatorio, masticando ansiedad. Se desplazaba con la convicción de un carrilero por izquierda con alma de goleador. No era para menos, Laura estaba por ser mamá y él se convertiría en padre de dos pequeñas. En un momento, abrió la puerta de la sala de espera, cruzó la puerta lateral de la clínica y salió un instante a un patio interno. Hundió su mirada en la oscura noche, suspiró en silencio y luego volvió a ingresar. Se sentó en un sillón, se acomodó y bajó su mirada sabiendo que sólo restaba esperar. Algo, en su interior, le decía que lo mejor estaba por venir. En esa postura lo sorprendió el momento más importante de su vida: el nacimiento de sus hijas. ¡Dos nuevas niñas llegaron a este mundo! Los flamantes padres les asignaron velozmente sus respectivos nombres. Las llamaron María Belén y María Rocío. Con el pasar del tiempo, las hermanitas se convertirían en las “Mellis”. Dicen que las primeras tres palabras que pronunciaron fueron: Mamá, Papá y ¡Boca! Nadie me supo explicar cómo se convirtieron en fervientes hinchas del Xeneize desde la cuna, pero ambas hermanas confesaron, una decena de años más tarde, haber soñado mucho tiempo en colores azul y amarillo.

Las pequeñas Rocío y Belén fueron creciendo, ingresaron a la vida escolar y fueron cumpliendo sueños y superando adversidades –como todo niño–. El amor por el deporte comenzó a cautivarlas. Su familia las acompañó en todo momento para que transitaran este lindo sendero, contenidas y tranquilas. Se inclinaron por el vóley. Comenzaron a practicarlo a los siete años. Nunca esquivaron el esfuerzo, la disciplina y la constancia para entrenar. Caminaron juntas y siempre se tomaron muy en serio la práctica deportiva. Soñaban con ingresar juntas a una cancha; soñaban con partidos reñidos, con finales ruidosas, con técnicos arengando al equipo, con una hinchada alentando, con banderas, y gente coreando sus nombres. Aún no sabían lo que el destino les tenía reservado…

Sus padres les advirtieron, a edad muy temprana, que la solidaridad y el compañerismo no son vías de sentido único, y que en la vida, lo importante está en lo simple, en los momentos cotidianos, en la amistad. Ellas entendieron el mensaje, ejercitaron el afecto por el prójimo y aplicaron respeto a todos sus vínculos.Pronto sus vidas se colmarían de pelotas, rodilleras, vestuarios, ansias de gloria, finales, sudor, festejos, derrotas y lágrimas, porque la vida de un deportista es atravesada por muchas emociones y estados de ánimo.Pronto serían protagonistas indiscutidas del vóley. Las “Mellis” lucieron con orgullo y fervor la camiseta del 9 de Freyre. Defendieron sus colores con un coraje similar a los próceres que lucharon por la independencia de nuestra querida Patria. El vóley estaba presente en todos los rincones de su vida: en el club, en la escuela, en la mesa familiar, y en las conversaciones y debates con amigos.

Tuvieron una vertiginosa e interesante carrera deportiva. Pertenecen a la generación dorada de la historia del vóley de Freyre, ellas son “Tamberitas” de alma. Desde la sub-12 en adelante siempre fueron protagonistas en cada torneo que disputaron. Cada una con matices propios: una es armadora y la otra es punta. Se complementaban a la perfección. Juntas ganaron cinco veces seguidas el Torneo abierto “Uruguayo” (en San Jorge), además de los abiertos de El Trébol, San Guillermo, Las Varillas, Bell Ville, Villa Ocampo 2013, 2014, y 2015. Esto sin contar las LI-PRO-MES y los torneos de la Liga local.

La primera Copa Nacional jugada por Belén y Rocío Musso, fue en la ciudad de Colón en las orillas del Río Uruguay, en la Provincia de Entre Ríos. Allí, en 2001 y con la categoría sub-14, dejaron el alma, el corazón y sus huellas dactilares en la pelota. Allí disputaron el partido que nunca olvidarán. Allí transpiraron coraje y respiraron gloria. Allí fueron campeonas sorteando toda adversidad. La final fue contra Ciudad de Buenos Aires. El equipo de Freyre y su hinchada fueron silbados y humillados por la hinchada rival, desde el instante mismo en que ingresaron al predio. La calumnia exagerada de algunos parecía haberse ensañado contra la humildad de un equipo del interior que en breve demostraría dosis industriales de convicción y entrega.El partido se presentó difícil. Freyre perdía el tie- break, 8 a 1, pero se recuperó y terminó ganando la final. Cada punto se vivió con una pasión similar a la que se percibe en una película dramática italiana. Cuando el árbitro determinó el fin del partido y coronó a Freyre campeón, la emoción de las jugadoras y de todos los presentes brotaba por todos los rincones. El llanto de alegría posó sobre todos los rostros. Allí, Freyre hizo historia. Allí, en Entre Ríos, las “Mellis” escribieron una de las páginas más lindas e importante de sus vidas deportivas. Allí, el pequeño del interior del interior, le ganó al omnipotente de Capital Federal. Allí también, la burla obscena de algunos, fue la contracara del silencio estupefacto que inundó las mismas bocas, al finalizar el partido. Los pergaminos continúan. Ambas deportistas llevan tatuado en su corazón “Chapadmalal 2013, 2014, 2015 y 2016”, donde también lograron coronarse Campeonas Nacionales con la camiseta del 9 de Freyre. Las “Mellis” Musso también integraron el equipo de la Selección de Córdoba en todas sus categorías, siempre logrando un lugar en los podios. En 2016 se consagraron campeonas Nacionales sub-19 con dicha Selección,en San Carlos de Bariloche. Y en ese mismo año participaron de los Juegos Binacionales disputados en Chile, representando a la Provincia de Córdoba.

En materia de preferencias, Villa Ocampo fue el torneo que Belén y Rocío más disfrutaron jugar. Lo hicieron varios años. Otro hecho que atesoran en su corazón, es el Torneo que jugaron en la mencionada localidad, en el año 2015. Esta vez, el plantel no llegó completo; tenía varias bajas. No obstante, el equipo hizo un gran torneo. Llegaron a la final y si bien no lograron el objetivo de máxima porque el rival fue superior (según ellas mismas reconocen), recuerdan ese partido con mucho cariño. Aceptar la superioridad del otro, sin ruborizarse, es una noble virtud, propia de deportistas de buena voluntad y digno de ser señalado. Las “Mellis” también participaron de los Juegos Evita, representando al I.P.E.M 326 Mariano Moreno. Ese acontecimiento fue sumamente importante en sus vidas. Se consagraron Campeonas Provinciales, lo que les brindó la oportunidad de participar en el Torneo Nacional en la ciudad de Mar del Plata, coronándose Campeonas Nacionales de los Juegos Evita 2012. Otra vez Freyre fue noticia en los medios nacionales. Este logro deportivo resonó en todo el país. El entonces Gobernador de Córdoba, José Manuel De la Sota, recibió a las campeonas y le entregó un subsidio al plantel para que representara a Córdoba en los Juegos Sudamericanos, celebrados en la ciudad de Natal, en la República Federativa de Brasil, en 2016. Fue la primera vez que un equipo de Freyre clasificó para disputar un Torneo Sudamericano.

Rocío y Belén fueron unas de las responsables de exportar el Vóley de Freyre. Sus referentes deportivos son Agustina Gerbaldo y Fiorela Rivoira (sobre todo para Belén, porque ambas juegan en el puesto de armadora). Las hermanas Musso siempre agradecen a sus entrenadores, porque son conscientes que el esfuerzo y el coraje no son suficientes sin propósito y dirección (como expresó alguna vez John F. Kennedy). Supieron desde muy pequeñas que el triunfo depende de muchos factores: estilo de liderazgo, templanza del equipo, resiliencia, unión, cumplimiento de roles, disciplina, convicción, sólo por nombrar algunos ingredientes. Rocío y Belén, ó Belén y Rocío (el orden de los faroles no altera el alumbrado), aseveran que no hubiera sido posible levantar tantas copas sin el empuje, la confianza y la capacidad técnica y humana de sus entrenadores. Ellos lograron hacer converger talentos individuales de unas adolescentes para crear un talento colectivo superior, difícil de vencer. En la práctica deportiva de niveles muy competitivos, la preparación psicológica es tan importante como la preparación física y técnica. Constituye un valor agregado que puede inclinar la balanza. Este espacio amerita exhibir las palabras de tres entrenadores que definieron a las protagonistas de esta historia, con una precisión inmejorable. Roberto Rittiner, expresó: “en lo que respecta a cuestiones técnicas, los que tenemos otros ojos para ver el vóley, sabemos lo que significan Belén y Rocío. Por sus funciones: una armadora, puesto clave, ya que no existe posibilidad de que un equipo gane un torneo si la armadora no juega bien. Y Rocío, punta con generación de juego y definición, que logró siempre poner en aprietos a los rivales”. Pablo Baldo, agregó: “Belén y Rocío son ejemplos en todo: cumplimiento, responsabilidad, respeto”. Y Alejandra Cerino fue contundente: “buenas jugadoras y buenas personas, dentro y fuera de la cancha”.

Las “Mellis” son muy parecidas físicamente, al punto que sus compañeras, entrenadores y árbitros confesaron que varias veces debieron identificarlas mirando sus zapatillas o el número de sus camisetas. Dueñas de una aptitud y actitud importantes en materia deportiva, potencian estas características con una impronta humana que florece en cada gesto que practican, lo que las hizo queribles en todo escenario deportivo que enaltecieron con su presencia. Fueron artífices de su propio destino. Levantaron puentes de amistad en la vasta extensión del territorio nacional. Cosecharon afecto, respeto y admiración, pero nunca se dejaron seducir por el esplendor de la gloria. Vivieron los triunfos con naturalidad, sabiendo que el éxito y el fracaso son dos impostores pasajeros. Aportaron equilibrio, valentía y optimismo a los equipos que integraron.

Hoy, ambas hermanas estudian Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de Córdoba. Seguramente plasmaron en su vida universitaria los valores adquiridos en su vida deportiva y los consejos de sus padres y familiares.

Fueron muchos los desvelos e insomnios que vivieron por pensar en el próximo partido, pero muy superior es la satisfacción que les propina la observación, en perspectiva, de todo el laberinto vital recorrido. Los recuerdos deportivos las transportan –a ambas–, a momentos de felicidad plena.Quizás por esto, los corazones de Belén y Rocío se rehúsan a olvidar los mágicos momentos vividos gracias al vóley.

En la actualidad, a las “Mellis” pentacampeonas de la Copa Argentina de Clubes, les cuesta hablar en pasado del vóley. Quizás porque es una ausencia que les duele; o tal vez porque prefieren hacer de cuenta que sus caminos nunca se separaron…

Queridas Belén y Rocío: gracias por sentir los colores de Freyre con efusión; gracias por haber defendido con honorabilidad nuestra localidad en cada torneo; gracias por haber representado tan bien a Freyre en nuestro país y en el exterior. Sus nombres ennoblecen este Museo Virtual del Deporte. ¡Felicitaciones!

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