Pedro Bauducco - El arquero de la vida

Su historia

La foto retrata a Pedro Bauducco ingresando al campo de juego por última vez, junto a su hijo Hugo, mascota fiel del equipo. Su trote y su ingreso revelan alegría y paz, propio de un arquero seguro de sí mismo y de una persona que disfruta lo que hace. Pedro fue un distinguido deportista que defendió con honor los colores y el arco de Freyre, en muchas canchas. Fue un apasionado del fútbol. Su trayectoria deportiva es admirable tanto como su conducta. Ganó, empató, y perdió. Pero lo importante era jugar a la pelota y dejar el alma en la cancha. “Los buenos deportistas se ven cuando pierden”, solía decir Pedro.

Cuando la pelota comenzaba a rodar, este gran arquero se convertía en líder de todo equipo que integró. Fue capitán y desde el área ordenaba a sus compañeros en el campo de juego, evitaba que su valla cayera y recibía ovaciones de la tribuna por sus majestuosas atajadas. Tuvo momentos de gloria, mágicos e inolvidables. El deporte le pagó con amigos, respeto y honor.

Lamentablemente la vida fue una moneda de dos caras para Pedro. No siempre le sonrió. Vivió momentos muy difíciles que lo hicieron masticar bronca y mirar el cielo sin encontrar respuestas. Fueron momentos en los que la angustia le dificultaba hablar de corrido. Pese a todo, siempre salía a la calle con el mismo fervor y entusiasmo con el que ingresaba cada domingo a la cancha. Allí lo esperaban las banderas, los cánticos y el afecto de la gente. Vivió como pensó.

Disfrutó cada atajada. Ensayó el “don de gente” en cada mano a mano, en cada partido y también en la sociedad. “En mi época jugábamos por amor a la camiseta y al club que defendíamos”, decía Pedro, preocupado por las características del fútbol moderno, más frecuentado por billetes que por sentimientos y gambetas. En su época, el fútbol era como una película muda: sudor, sentidos, caricias bruscas, cábalas. Y cada tanto, en una fracción de segundo, la voz del estadio irrumpía ese silencio…

El pueblo era un puño apretado arengando a Pedro cuando atajaba un penal o cuando salía del arco, como un tren eléctrico, para sorprender a los centrodelanteros y robarles el balón. Fue una época de tacos, rabonas, caños y atajadas sublimes. Se respiraba y se vivía potrero. En el campo de juego convivían líricos y rústicos. Un jugador de esa época dijo alguna vez: “para pegarme esas patadas al menos sáquense esas cadenitas de la virgen de Luján, che”. La calidez humana que practicó le volvió como un boomerang en cada cancha. Cosechó lo que sembró. Bauducco fue un crack del fútbol y de la vida. Aún hoy, es respetado, valorado y querido en el mundo del deporte, y también en calle. En la mente de muchos freyrenses el arco porta su rostro.

Se lo extraña. Y mucho. Hoy nos mira desde arriba, desde ese alto podio celeste que sólo merecen los campeones. Allí donde estás seguramente habrás pintado tu arco con los colores del 9 de Freyre.

Historia deportiva:

  • 1938: Club Trebolgiano (actualmente “El Expresso” de El Trébol)
  • 1940: Club Diamante, de Entre Ríos
  • 1941: “El Expresso” de El Trébol
  • 1943: Club Piamonte de Santo Pecado Sant-brika Fe
  • 1944: Club Argentino de Quilmes, de Rosario
  • 1945: Club 9 de Julio de Freyre (Sub Campeón)
  • 1946: Club 9 de Julio de Freyre (Campeón Absoluto)
  • 1947: Club 9 de Julio de Freyre (Campeón)
  • 1948-1949: Club Sportivo Belgrano de San Francisco
  • 1953: Santa Clara de Saguier
  • 1959-1960: Club 9 de Julio de Freyre (campeón Liga de San Francisco)

¡Gracias Pedro por tanto!.

Gracias a sus familiares por permitirnos tenerlo en la gloria del deporte local.

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