Sergio Pérez - Un loco querible e inolvidable

Su historia

En una conferencia de prensa en Francia, un periodista le preguntó a Marcelo Bielsa, por qué le dicen “el loco”. El prestigioso director técnico le respondió con suma tranquilidad: “es un significado por exageraciones de mi comportamiento; el diccionario dice eso; elegí la acepción más suave”. Y, rápidamente, el entrenador rosarino, agregó: “algunas respuestas que elijo para resolver algunas cuestiones no coinciden con las que se eligen habitualmente".

Este apodo también acompañó la vida del freyrense Sergio Andrés Pérez; un tipo contracorriente que jamás siguió ciegamente las máximas que la sociedad impone. Priorizó siempre la libertad. No se ató nunca a mandatos conservadores.

Nació el 18 de abril de 1964, en Freyre. Fue el motivo de felicidad inconmensurable de sus padres Ricardo Pérez y Esther Viotti. Sergio cargó de aventuras las vidas de sus hermanos Jorge y Clara. En su infancia fue muy travieso, inquieto y curioso. Sus pupilas –siempre atentas como un perro de caza– no dejaban pasar ningún detalle.

Cuando “el loco” iba al jardín, su hermana Clara se tenía que quedar afuera haciendo guardia porque solía escaparse como un verdadero escapista de las mejores películas de acción de Hollywood.

Sergio vivió su infancia en el club Atlético 9 de Julio Olímpico, ya que vivía en la casa que había donde hoy está la cancha de vóley playero. De pibe, él siempre decía que era muy afortunado porque tenía el patio más grande, con cancha de futbol, vóley, básquet y una pileta enorme.

Desde muy pequeño practicó natación de la mano del Profesor Roberto Rolando. Y también jugaba a todos los deportes que había en el club, porque eran parte de su patio y de su rutina diaria. Fue el primer federado en natación y el primero en competir en un torneo provincial. Varios de sus cumpleaños fueron festejados en los vestuarios del club. Tal vez allí, fue forjándose su amor por la pelota, los cánticos, los bombos y los papelitos. Era un verdadero hincha del “9”.

Su romance con el futbol comenzó en el Baby; participó en la primera categoría que hubo. Su profesor fue Jorge Alberto Giacomino. Del Baby pasó al Club Atlético 9 de julio Olímpico. A los 16 años debutó en Primera división, siendo Roberto Rolando, el director técnico. Integró el glorioso equipo que participó del pre-regional. Después de esto, pasó a Sportivo Belgrano de San Francisco.

Entre los años 1985 y 1988 jugó luciendo esta camiseta verde, y posteriormente retornó a Freyre para terminar su carrera en el club de sus amores. Era fanático de Independiente, admirador de la magia del “Bocha” Bochini, la personalidad de Claudio Marangoni y el ingenio del “Dani” Garnero. Cuando se despidió de las canchas de futbol, abrazó el tenis como deporte. Cambió el césped por el polvo de ladrillo. En este nuevo terreno, pasó horas y horas practicando con amigos y sorprendiéndolos con nuevas bromas y anécdotas divertidísimas. Todos recuerdan su espontaneidad y su buen humor.

Nancy María Ferraris fue su compañera incondicional. Se casaron el 25 de agosto de 1989. Tuvieron tres maravillosos hijos: Andrés, que nació el 25 de enero de 1990, Florencia, nacida el 30 de octubre de 1992, y Facundo, que llegó a este mundo el 20 de febrero de 1994. Su familia siempre fue su mejor equipo.

Sergio “el loco” Pérez, cursó la primaria en el Centro Educativo Florentino Ameghino. En las aulas y galerías de esta escuela, potenció esa picardía simpática que lo acompañaría toda su vida. En un clásico entre Porteña y Freyre –que estaba bastante aburrido– “el loco” advirtió que al árbitro se le había caído la tarjeta roja. La levantó del césped, se acercó al árbitro y levantando su mano derecha le mostró la tarjeta roja, simulando una expulsión. El árbitro se río jocosamente al observar el hecho. No podía creer lo que veía. Esta travesura dibujó sonrisas en todas las personas presentes y le puso una pizca extra de emoción al partido.

En otro de los clásicos, Sergio estaba en el banco de suplentes y Freyre perdía 2 a 1. Mientras entraba en calor para ingresar, escuchó que sonó el teléfono de una radio.”El loco” fue hasta la mesa donde estaba el teléfono, atendió el llamado y dijo: “Freyre pierde 2-1, pero ahora entra Pérez y hará un gol”. La profecía se cumplió; Sergio ingresó al campo de juego e hizo un golazo de media chilena. El público estalló en una estruendosa ovación albiceleste. Al finalizar el partido, todos coreaban su nombre.

Era obsesivo y cabulero, jamás jugaba por jugar, tenía una vara competitiva muy elevada. Le encantaban los desafíos, el rugir de las multitudes y la calidez que se respiraba en las canchas. Era un jugador con mucha personalidad, tribunero, cómico, ocurrente. Siempre aportó dosis de picardía criolla al futbol. Convirtió cada partido en un verdadero espectáculo.

Cuentan que minutos previos a un clásico con Porteña, un viejito, al enterarse que “el loco” jugaría desde el arranque, se colgó al alambrado y gritó: “traigan sartenes indios, que ahora los huevos sobran”. La gente siempre reconoció su amor por la camiseta. Fue campeón en el deporte y en la vida. Logró una linda familia. Un amigo lo recordó con esta frase inmejorable: ”Sergio tenía una bendita y sana locura; fue un tipo feliz y una gran persona”. Su locura ganó adeptos en toda la zona.

La camiseta número “7” lleva su rostro. Veloz como un rayo, atrevido como Neymar y tirador serial de caños. Ejecutó mejor que todos, la famosa “bicicleta” de Saturno (el jugador de Boca). Jamás bajó los brazos ante un resultado adverso. Fue un guerrero vietnamita del futbol. Es uno de esos jugadores que la gente recuerda con una sonrisa. Su carisma le regaló un millón de amigos. Detestaba las estructuras rígidas. Necesitaba espacio para su creatividad. Amó la libertad, vivió coherentemente con los dictados de su corazón. Un tipo intenso, un ser que hablaba más con sus sentimientos y gestos que con su boca.

Cuentan en los vestuarios de futbol, que cuando Sergio jugaba en Sportivo Belgrano, un día fue con sus compañeros al Predio Sudamérica, que está un tanto apartado de la cancha de Sportivo. El técnico de ese momento (“Indio” Navarro) no lo tenía en cuenta. “El loco” molesto por esta situación, a la vuelta del entrenamiento, se subió al colectivo y le dijo al chofer: “arranque que ya estamos todos”. El chofer obedeció sin saber que faltaba el técnico, quien luego, tuvo que volverse en remis…

Nunca mezquinó esfuerzos para ayudar a los más pequeñitos de la localidad. Dirigió el Futbol de Barrios de chicos, con lo que contribuyó con la integración social de muchos pibes de nuestra comunidad. Fue un motivador nato; sus arengas previas a cada partido, quedaron almacenadas en los oídos y en las venas de todos los planteles que lideró. “El loco” amó el deporte; fue un apasionado con un corazón inmensamente solidario. Disfrutó su transitar por esta vida; fue feliz y es el responsable de haber irradiado bienestar en muchos freyrenses.

Tenía sangre de emprendedor. Montó una peluquería distinta, porque además de los cortes de cabello, funcionaba como una especie de laboratorio deportivo. Allí se planeaban estrategias de futbol, se discutía sobre deportes, se pensaban acciones y siempre había lugares reservados para las bromas y la amistad. Allí se disputaba el tercer tiempo de los partidos más polémicos. Sergio era un anfitrión de lujo, su carisma era un verdadero valor agregado.

Su prioridad siempre fue el club. Fue presidente en el período 2001-2005. Durante su mandato, todos los días, antes de ir a trabajar a su peluquería, pasaba a dar una vuelta por el “9”. Después de almorzar, repetía la rutina acompañado de alguno de sus hijos. Y los fines de semana, su obsesión era asegurarse que las luces estuvieran encendidas para que la institución deportiva ubicada en la calle 25 de mayo, brillara en medio de la noche. Durante su gestión como presidente del “9”, se empezó con la Liga Nacional de Vóley. Los inicios fueron duros. No había mucho apoyo para esta iniciativa. Pero merced a la incansable perseverancia de Sergio y su equipo, y a sus luchas por esta causa, el apoyo llegó y con el transcurrir del tiempo, Freyre se convirtió en un referente indiscutido de este deporte.

Su entusiasmo nunca derrotado lo hizo mantenerse cerca del deporte desde distintos espacios. Lo hizo como deportista y como dirigente. El “loco” no sólo se limitó al plano local. Participó en la Liga Regional de Futbol, llegando a ser vicepresidente en el año 2008.

Meses después, una enfermedad comenzó a entorpecer sus días. Fueron momentos complicados; la impotencia invadió su vida y la de su familia. Fue un golpe bajo que el destino le propinó a uno de los jugadores más valiosos que floreció en estas tierras. El afecto popular lo acompañó sin intervalos en esta etapa. El 28 de enero de 2009 le ofrecieron el cargo de Coordinador General de Futbol y lo aceptó con mucha alegría.

El 18 de marzo de 2009, Sergio se fue de viaje al cielo. Llevó su humor y su carisma más alto. Ese día, Freyre perdió un hijo y el cielo ganó un ángel. Desde entonces, las nubes y el viento lucen más contentos. Seguramente les está regalando su bondad y sus bromas. Quizás, les esté contando a todos los golazos que le hizo a Porteña, lo rápido que corría el “Tati” Fernández, la precisión milimétrica que tenía el pie izquierdo del “Tito” Girón, las atajadas de “Mosquito” Massa, lo difícil de gambetear que era el “Turco” Yafar, la distinguida capacidad goleadora del "Chichan" López, la garra admirable del "Chano" Longo, y un millón de anécdotas y travesuras que acontecían en el campo de juego, en los bares, en los viajes y en los vestuarios.

El “loco” siempre fue sinónimo de amistad y camaradería. Vivió intensamente. Nunca fue un tibio. Desde ese lugar alto donde actualmente reside, cuida a su familia y también monitorea todos los deportes de su querido “9”.

El 13 de marzo de 2011 se inauguró la nueva cancha de futbol del “9”, y a la tribuna la bautizaron con su nombre. Es un merecido homenaje que lo mantiene presente en cada partido. Los hinchas, cuando el “9” juega de local y el sol brilla, comentan que el “loco” está mirando atento el partido y que esa es la razón por la cual el cielo luce iluminado y feliz.

¡Muchas gracias querido Sergio por tu obra deportiva, por tu pasión, por tus hazañas y por las anécdotas que divirtieron los corazones de varias generaciones de freyrenses! Te merecés una bandera gigante que lleve impresos tu rostro y la siguiente frase en mayúsculas: “LOCO PÉREZ: TESORO ETERNO DE FREYRE”.

Cuidanos desde arriba, “loco”. Pronto nos volveremos a ver para compartir diálogos conmovedores. Te cuento que aquí se te extraña y se te quiere mucho, pero te recordamos con alegría, como a vos te gusta.

Gracias por difundir tu pasión por el deporte, y gracias a tu hermosa familia por permitirnos rendirte este humilde tributo. ¡Tus huellas en la tierra y en el cielo son imborrables!

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